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Desventajas al cotizar por la base mínima en autónomos

Desventajas al cotizar por la base mínima en autónomos

Que España es el país donde sus autónomos pagan más por su base de cotización en toda Europa es una realidad que todos conocemos y, por tanto, también es entendible y lógico que los autónomos que causan nuevas altas lo hagan con la base mínima de cotización en autónomos.

Esto que, a priori, puede parecer la mejor forma para ahorrar todo lo que se pueda, sobre todo, en los comienzos como autónomos se puede convertir, a la larga, en un arma de doble filo.

Por eso, hoy desde Mi Economista queremos contarte las desventajas al cotizar por la base mínima en autónomos.

¿Qué es la base de cotización de autónomos?

Para poder entender las desventajas de cotizar por la base mínima en autónomos, lo ideal, en primer lugar, es saber de qué se trata la base de cotización que, muchos autónomos, entienden erróneamente como un pago más equiparable, por ejemplo, al IRPF o al IVA.

En realidad, la base de cotización la podemos entender como un porcentaje de un hipotético sueldo y que, a diferencia de la mayoría de países de la Unión Europea, los autónomos españoles elegimos esa base independientemente de lo que cobremos realmente.

Baja por enfermedad: primera desventaja de la base mínima

A pesar de que existe el mito de que los autónomos poseen un gen que les hace no enfermar nunca, los autónomos también enferman, hasta el punto de que existe la posibilidad de tener que pedir una baja por enfermedad.

Es en este punto donde entra en juego la base de cotización elegida por cada autónomo pues, durante los 20 primeros días de la baja, se cobra un 60% de la base de cotización y un 75% tras superar estos días.

Esto nos deja con una compensación muy limitada tratándose de la base mínima de cotización, sobre todo, teniendo en cuenta que, durante la baja por enfermedad, se deberá seguir pagando como cualquier mes a la Seguridad Social y haciendo frente a todos los gastos que nuestro negocio suponga.

¿Qué pasa con la jubilación del autónomo?

Teniendo en cuenta que la jubilación de un autónomo se calcula a raíz de la base de cotización de este, el tema de cotizar por la base mínima se pone peliaguda.

Además, en contra de la pillería de algunos autónomos que se subían la base de cotización en los años previos a la jubilación para de esta forma percibir una cantidad mayor, las reglas del juego han cambiado y a partir de este 2016 se toman en cuenta los últimos 19 años de vida laboral del autónomo para calcular la pensión por jubilación.

¿Qué hacer con la base de cotización entonces?

Como decíamos al principio, la base de cotización debería de ser relativa a lo que cobramos y la lógica nos dista que empezar como autónomo con la cotización mínima y aumentarla progresivamente en función de nuestros ingresos es lo ideal.

Que nos otorguen la libertad de elegir nuestra base de cotización no es para que hagamos uso de ello sin cabeza, generar muchos ingresos y cotizar lo mínimo es como popularmente se conoce como “pan para hoy y hambre para mañana”.

En esto, como en muchas otras cosas, la planificación es importante, así que, en función de la edad, y de los ingresos de cada autónomo, hay que ir decidiendo cuando es conveniente modificar tu base de cotización. Desde Mi Economista, ayudamos a nuestros clientes a decidir está cuestión tan importante, así que, si tienes dudas, llámanos.

¿Qué tipos de autónomos existen?

¿Qué tipos de autónomos existen?

Por regla general, cuando nos queremos referir a aquellas personas que trabajan por cuenta propia, nos solemos referir a ellas como autónomos pero… ¿sabes cuántas clases de autónomos existen?.

Hoy, en Mi Economista, queremos hacer un repaso, a rasgos generales, de qué clases de autónomos existen en la actualidad, algo muy útil si te encuentras en la situación de querer darte de alta en autónomos para saber a qué te puedes acoger y qué te conviene más.

Para comenzar, empezaremos dividiendo a esa gran masa de trabajadores a la que conocemos como autónomos en las dos principales clases de autónomos: los autónomos propiamente dichos y los socios administradores de sociedades.

El primer grupo de autónomos es el más conocido por todos, aquella persona física que tiene a su cargo la gestión de un pequeño negocio con el objetivo básico del autoempleo, independientemente de si este autónomo cuenta o no con asalariados en su negocio.

El segundo grupo, los socios administradores de sociedades o también conocidos como autónomos administradores tienen la particularidad de no poder cotizar a la Seguridad Social como si fueran trabajadores por cuenta ajena, lo que hace que de manera obligatoria tengan que darse de alta en el RETA.

Dentro del primer grupo de tipos de autónomos existen algunas variantes cuyas características diferenciadoras hacen que podamos encontrar otros tipos de autónomos, por decirlo de alguna forma, especiales.

Uno de estos autónomos especiales son los TRADE o trabajadores autónomos económicamente dependientes. Este tipo de autónomos tienen la particularidad de desarrollar su actividad profesional para un cliente en concreto, siempre y cuando este cliente suponga, mínimo, el 75% de sus ingresos. Esto, a su vez, supone la necesidad de formalizar un contrato en el que se refleje de forma clara y concisa datos como la duración de la jornada laboral, los descansos o, incluso, los días festivos.

Otro autónomo especial es el autónomo colaborador, del que ya hemos hablado con anterioridad en Mi Economista y del que puedes leer con mayor extensión haciendo click aquí. A grandes rasgos, el autónomo colaborador es un familiar directo de hasta segundo grado del autónomo principal que contrata a este en su negocio y que conlleva, para el autónomo colaborador, la ventaja de una bonificación del 50% en la cuota de autónomos.

Por último, nos encontramos con el autónomo en régimen especial agrario. Este último autónomo, como su propio nombre indica, está dirigido para aquellos que posean la titularidad de una explotación agraria y que, lógicamente, al menos la mitad de su renta proceda de la actividad realizada en esta explotación. Además, otro detalle a tener en cuenta para los autónomos en régimen especial agrario, es que los rendimientos anuales netos que provengan de esta actividad deberán estar siempre por debajo del 75% de la base mínima de cotización del Régimen General.